The King of Kong
11.02.2008 @ 05:02h.
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Ya comenté en una entrada anterior que los estrenos del año pasado, en su mayoría, me parecieron un coñazo. Hartos de títulos mediocres, Neme y yo intentamos refugiarnos en los documentales; no en esos de La 2, sino en docu-movies como Sicko, Camino a Guantánamo, o Fast Food Nation. Generalmente resultaron bastante aceptables, y aunque eran entretenidas e interesantes, ninguna me pareció especialmente destacable.
Tras varios meses siguiéndole la pista, la otra noche finalmente tuve ocasión de ver The King of Kong: A fistful of quarters con subtítulos en castellano, y reconozco que esa sí me gustó ¡Y mucho!
Considerada una de las 5 mejores películas del 2007 (así figura en varios rankings), The King of Kong (TKOK a partir de ahora) es un documental atípico, tanto por su aparente hilo conductor como por el trasfondo que realmente encierra. En él conoceremos la historia de Billy Mitchell, un empresario que sustenta durante más de veinte años el record mundial de Donkey Kong (y de otros videojuegos de la época), y la de Steve Wiebe, un padre de familia que se obsesiona con arrebatarle el título tras ser despedido (así es la psique humana). El drama está servido.
TKOK puede llevar inicialmente a engaño, ya que es fácil suponer que estamos ante un documental más o menos al uso sobre el mundo de los videojuegos, y sobre Donkey Kong en particular. Pasaran los minutos y no escucharemos ni una sola voz en off, nada que evidencie de manera descarada la postura de los realizadores frente a los eventos que nos presentan, y no tardaremos en darnos cuenta de lo que realmente intentan transmitir. TKOK es un documental sobre las miserias humanas, sobre el espíritu competitivo llevado a la exageración (y en este caso canalizado, irónicamente, a través de algo tan inocente como un videojuego), y ante todo, sobre la frustración. Complementando la particular historia de Wiebe y el arrogante Mitchell (creedme, uno de los personajes más sombríos de la historia del cine reciente), desfilará por nuestra pantalla una sucesión de frikis y nerds de todo tipo, personajes al margen de la sociedad convencional, “fracasados” en mayor o menor medida que se muestran orgullosos de ser los números unos en cosas como el Mappy o el Missile Command.
Para redondear el documental, aderezadlo todo con un buen montaje y una acertada selección musical que va desde el inevitable Eye of the Tiger o la siempre efectista -y magnífica- In The Hall Of The Mountain King, hasta el Everybody Knows de L. Cohen (un temazo que he redescubierto 20 años después de su publicación).
Por último cabe aclarar que TKOK no destaca precisamente por su fidelidad a fechas y datos concretos, y basta con rascar un poco en la superficie de los hechos para descubrir que casi todo en la película ha sido convenientemente ajustado y/o manipulado (en los foros de Twin Galaxies tienen bastante que decir al respecto). Así pues, aunque creo que la premisa del título no radica tanto en la imparcialidad de la historia como en las reflexiones que aporta, conviene tener presente que Billy Mitchell puede que no sea tan capullo en realidad (por cierto, en Viruete le dedicaron uno de sus artículos).


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