La Divina Vailima
01.04.2006 @ 07:04h.
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Gadgets, herramientas de eso que llaman Web 2.0, los últimos movimientos de Steve Jobs (¿Qué come, dónde y cuando?)… Con todos mis respetos, muy a menudo me harta tanta milonga, y más aún esos posts que saltan de blog en blog, cual virus H5N1 entre aves de corral:
Por contra de lo que pudiera parecer en un principio, este va a ser un post excesivamente edulcorado. Lleva almacenado algunos días, oculto a los ojos del mundo, y durante ese tiempo he procurado por todos los medios rebajar sus dosis de azúcar para no importunar a los diabéticos (y a aquellos que van de tipos duros). Lo siento, siempre me pierdo cuando siento admiración por algo, y la cuarentena a este post finalmente no ha servido de mucho. Sólo espero que el Tio Petros, y también mi Neme, no malinterprenten los efusivos halagos que a continuación voy a dedicar…
Cuando me topé con el blog de Vailima, hace ya unos meses, este se convirtió en mi particular remanso de paz blogosférica. En él se habla de arte, especialmente de pintura, y me resulta atípicamente placentero admirar como la autora va desgranando obras centenarias con gran delicadeza y sencillez. Lo confieso, me gusta poder abstraerme observando un cuadro, convertir mis oscuros aposentos en un improvisado museo; más aún si puedo contar con el apoyo que supone la compañía de Vailima. Y es que ella, con pasión e infinita paciencia, susurra a sus visitantes hasta el más ínfimo detalle de lo que en su blog comparte con exquisito criterio.
Valgan como ejemplo este par de posts (dobles), casi cogidos al azar de entre los más recientes: La dama del armiño [1] [2], e Historia de un matrimonio en seis actos [1] [2]. Ambos creo que servirán muy bien para hacerse una idea del grado de minuciosidad analítica que alcanza la página (también gracias, en su justa medida, a los duchos comentaristas habituales). Impresionante.
Por último, otra de las cosas que admiro es la aparente humildad de la que hace gala su autora, una humildad que pone de manifiesto las carencias de aquellos que se autoproclaman gurús de este ególatra mundillo blogueril. La Divina Comedia, que así es como se llama el blog (de ahí surge el osado título de este post), resulta sumamente didáctico y entretenido. Un oasis entre tanta tecnología de usar y tirar, tanto ombligo, y tanta tontería. Algo que convierte en burdas caricaturas a la inmensa mayoría de blogs mundanos, este el primero.
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