En la pastelería de Mr. Scrooge
05.01.2005 @ 15:48h.
Enlace para trackback
Era víspera de Reyes en una pequeña ciudad del levante español, y los humildes habitantes de aquellas tierras olvidadas ultimaban sus compras de Navidad.
En el diario local, una prometedora y suculenta oferta parecía poner un broche generoso a aquellas fiestas no particularmente alegres:

Entusiasmados con semejante promoción, los ilusos ciudadanos de aquella modesta ciudad no tardaron en agolparse en el local del señor Roses, un maquiavélico comerciante cuyo disfraz de confitero (antaño incluso respetado) resultaba cada vez menos creíble. Roses había ideado lo que consideraba un golpe maestro, digno de los más célebres y despiadados piratas que en otro tiempo surcaran mares y océanos: El precio de sus roscones sería ostensiblemente superior al habitual, y no habría tales roscones de regalo, sino sencillas monas de pascua (sin nata, figurita encerrada, ni nada parecido) -> Carcajada malévola aquí <- No quedaba ahí la cosa, y para redondear semejante artimaña decidió que los clientes tuvieran que esperar algo más de 30 minutos si querían recoger sus ridículas “monas-obsequio”. Nada menos 30 minutos de un 5 de enero para recoger una mona sin tan siquiera relleno, 30 minutos de aquel 5 de enero inmoralmente productivo para algunos.
No obstante, el mezquino plan de Roses parecía dar buenos frutos, y los roscones de precios desorbitados eran adquiridos uno tras otro por desoladas madres y abuelas, por indignados padres de familia, todos igualmente resignados y tratando al menos de sacar un mínimo provecho (en forma de indispensable roscón) al tiempo malgastado en la visita a la guarida de semejante caradura. La poca euforia navideña que les restaba los había llevado hasta allí, para que allí mismo se la terminaran de arrebatar por completo; pero afortunadamente también hubo quien conservó un mínimo de dignidad, dió media vuelta, y adquirió el roscón en un gran hipermercado cercano (dónde, por cierto, estos costaban 3 veces menos).
Sinceramente, no echaré en falta estos comercios “cercanos y tradicionales” que, cómo el regentado por el señor Roses, escupen directamente a la cara del consumidor.
¿Publicidad engañosa? Pura mentira cochina, sin más.



Aporta tu comentario para la posteridad .-
Tu email no será publicado o utilizado con fines comerciales ¡Palabrita!
Si lo deseas, puedes hacer uso de las etiquetas HTML mostradas a continuación:
<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <code> <em> <i> <strike> <strong>