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Paso a paso por la vida

 22.09.2004 @ 03:16h.    Enlace para trackback

Llevo unos días sin escribir, el proveedor de Internet en La Alcayna nos ha vuelto ha dejar tirados, y por las noches no he encontrado tiempo -y/o ganas- para postear desde casa de Neme. Creo que, como viene siendo habitual en estos casos, trataré de compensaros olvidando estrenos, enlaces, y software más o menos atípico, y pasando a cosas más personales…

Se me ha roto el coche (¿Qué esperabais? ¿Sexo y drogas?), el viernes (o sábado, no recuerdo bien) me quedé sin pedal de embrague a unos 5 kilómetros de casa. Bueno, el pedal no se marchó en ningún momento, pero tras un “crack!” que no auguraba nada bueno, se sublevó y dejó de acatar las órdenes del pie opresor. Afortunadamente conseguí llegar a casa en tercera (la marcha que llevaba puesta, como es lógico), disfrutando de una conducción mucho más lúdica de lo habitual. Resulta bastante divertido calcular la velocidad a la que hay que llegar a cruces y glorietas para evitar tener que ceder el paso (y por consiguiente, detener el coche y quedarse en la estacada).

Como nota anecdótica he de destacar que, cuando comentaba la incidencia con mi hermana y su novio, sucedió algo así:

Yo – Pues mi intención es llevarlo a un taller y, ya de paso, que lo preparen para pasar la ITV.
Hermana – Sí, porque de dirección va fatal.
Yo – Ya, bueno, es que no es asistida.
El novio – Si, vale, pero tal y como va ese coche no la pasa.

Ante todo he de manifestar que el novio de mi hermana me cae muy bien (pobrecito, lo que tendrá que aguantar!), pero por unos instantes me quedé paralizado ante una improvisada interrogante en mi cerebro: ¿Cómo diablos sabe él como va mi coche? *snif*

Mi hermana me ha pedido el coche en alguna ocasión, no suele haber problema puesto que aunque fue mi regalo de Reyes de hace unos años, teóricamente es “vehículo compartido”. Por suerte, siempre pone a caldo la dirección o el consumo de mi pobre Micra, y acaba por volver al Yaris diesel de mami. Es lógico suponer que, en alguna de esas ocasiones en las que no tenía más remedio que echar mano de mi coche, recogiera al novio para irse a hacer sus cosas de novios, pero… ¿Debería suponer como algo normal que entonces fuera el novio el que condujera?

No monté ninguna bronca o similar porque el tema me parece bastante estúpido (es más, lo mismo el novio no ha pilotado mi bólido), pero me inquietó esa naturalidad en la afirmación ¿Tan raro seré? ¿Tan mal pensado quizá?

En cualquier caso ya tenía previsto aprovechar la visita al mecánico para cambiar pastillas de freno, ruedas (si procediera), y equilibrar la dirección. Al fin y al cabo -y por fortuna- este tipo de cosas sigue pagándolas papá, y tengo que dejar el carro listo para pasar una ITV que, ahora que nadie escucha, debería haber pasado hace ya unos cuantos meses.

En otros planos de mi vida privada, he echado un currículum para un puesto de esos absolutamente utópicos (y exóticos), nada menos que betatester en una empresa desarrolladora de videojuegos. Imagino que no me llamarán (resultaría demasiado bonito para ser verdad), y también imagino que en ningún caso me haré rico probando jueguecitos, pero me hace ilusión la idea y ya se sabe que no se pierde nada por probar. Si en unos días no recibo respuesta, posiblemente probaré suerte en las tiendas de informática de la ciudad, hay algunas que andan demasiado tiempo buscando personal (cabe suponer que las condiciones no serán precisamente idílicas), y es que algo tendré que hacer algo para substistir, emanciparme en condicines, y todas esas cosas que se me presuponen a cierta edad.

Esta última parte del post la ilustra una preciosa figurita de Ritsuko (Evangelion) que me ha traído desde Italia nada menos que el D3stino. Es muy probable que antes de fin de año se conozca el nombre del director asignado al mastodóntico proyecto de llevar la irrepetible serie manga a la gran pantalla, se ha llegado a insinuar que Ridley Scott será el elegido, ojalá sea así…

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