Cuchicheos
07.09.2004 @ 15:53h.
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Hace unos minutos mis padres charlaban animadamente conmigo mientras iba y venía de la cocina, esperando a que el café estuviera listo.
Cuando servía el café, con la única compañía de Rumba (que acudía puntualmente a la cita de lamer mi dedo convenientemente recubierto de leche condensada), los he escuchado reducir drásticamente el volumen de la conversación.
Mi padre, instantes antes alegre y jovial, mostraba entonces un tono severo y casi despreciativo mientras mascullaba cosas como “¡Que se ponga a trabajar ya!”.
Me sonaba todo eso, no era la primera vez que los oía cuchichear así a mis espaldas.
Mientras endulzaba el amargo estimulante (dos grajeas de sacarina para mi padre, leche condensada y dos cucharaditas de azúcar para mi madre, tres para mí…) he exclamado -muy indignado- mirando hacia el salón:
- “¡Parece mentira que tras 27 años aun no sepáis que tengo el oído muy fino!”
Por desgracia, y vista la nula repercusión de mis palabras, me ha parecido que ellos no.
Seguían debatiendo sobre mi pasado, vergonzoso presente, y poco prometedor futuro, hasta el preciso instante en el que he llegado con los cafés y se han puesto a comentar los anuncios de la tele.
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