Se acabó. Sí, ya está. Fin de la historia.
Ayer (tercer día de trabajo “oficial” tras los 3 o 4 días de “entrenamiento” no remunerado) le comuniqué al jefe que no contara conmigo en su tripulación. Le expliqué que como buen ciudadano que soy no pensaba dejarlo colgado tras las 2 jornadas de arduo trabajo en las que había demostrado sobradamente lo indispensable que era para la empresa, y que terminaría mi jornada y alguna más si era necesario hasta que encontrara un engranaje para sustituirme en la compleja maquinaria del sector servicios. El jefe me preguntó que si podría aguantar hasta que me fuera a Italia, y yo le contesté que en caso de ser necesario así lo haría (puesto que no quería terminar mal con el), pero que ya ayer me había sido difícil asistir y que en ningún caso podía comprometerme. Al final terminó diciendo algo así como “Bueno, mañana o pasado iré llamando a alguien…”, y esa frase martilleó en mi cabeza durante toda la noche haciéndome sospechar que, tal vez, el jefe no había captado totalmente el concepto.
Hoy al llegar al trabajo he pedido al encargado que me pusiera al tanto de la situación, y me ha dicho que ya había un sustituto, pero que el jefe había decidido retrasar su incorporación a la semana que viene debido a mi compromiso de no abandonar mi puesto hasta entonces. El encargado se mostraba extrañado por la decisión del jefe, ya que por lo visto el no había tenido problemas a la hora de “captar mi mensaje”. Acto seguido, le he hecho saber que quería volver a hablar con el jefe para tratar de rellenar posibles lagunas que le hubieran surgido tras la conversación de ayer, y mmm… bueno… esta ha sido poco más o menos la conversación telefónica:
jefe: Dime
yo: Hola, mira, no se si quedó claro que yo me iba en cuanto tu me dieras la libertad para ello. Y que cuanto antes me la des, mejor.
j: ¿Y? ¿En que quedan las palabras de ayer?
y: Solo te estoy diciendo que no quiero dejarte tirado, pero eso no quiere decir que a mi me venga bien quedarme. Cuanto antes dejes que me vaya, mejor. Además, no creo que haya cambiado nada aquí en 3 días para que no podais pasar sin mi.
j: Pero vamos a ver ¿Tu no puedes quedarte hasta que te vayas a Italia?
y: Mira, sinceramente, no creo que mañana pueda venir. [Algo que, pese a ser totalmente cierto, solo he dicho para tratar de acelerar el desarrollo de una conversación un tanto estúpida y que ya me estaba hartando]
j: ¡¿Qué?! ¡¿Como?! ¡Pues vaya una palabra! ¡¿En eso quedan las buenas palabras e intenciones? ¡Anda que si!
y: Oye, no creo que sea para que te pongas así, de hecho hoy he vuelto a presentarme aquí dispuesto a trabajar como el que más y sin necesidad de tener que hacerlo. No hemos firmado nada, ni me he comprometido a nada y ¡Joder, que solo he trabajado 3 días aquí!
j: mmgrpfh… Mira, deja el uniforme y lárgate, no quiero verte más…
y: ¿Ahora te mosqueas y vienes con esas? Muy bien…
*click*
Me volverá a ver, claro, dejaré pasar un par de días para ver si llama. Sabe que nadie trabaja gratis, y si es listo será consciente de que lo que debe pagarme por esos 3 días de trabajo es bastante menos de lo que cualquier persona (incluida yo) puede gastar en combustible en su gasolinera en un periodo de tiempo relativamente corto. Ignoro si tengo o no una pizca de razón, y la verdad es que me importa bien poco. Lo cierto es que hacía varios días que no me sentía tan tremendamente bien como cuando he escuchado esa última frase de mi [ahora] ex-jefe. Por otra parte, de la conversación queda la sensación de que el ignoraba que yo sabía que ya había sustituto, así que eso puede servirme de bala en la recámara en caso de un nuevo enfrentamiento dialéctico.
¿Que porque he dejado el trabajo? Pues podría dar mil motivos y ninguno en particular, pero todo se reduce a algo cada vez más evidente: Soy, literalmente, un inadaptado. Odio la rutina, la sumisión, el tono gris que toma la vida y el ser humano cuando hay dinero de por medio, el tener que dosificar tu vida en función del horario marcado por otro, odio contar las horas, odio las jerarquías, las hipocresías y la sociedad actual en general, odio los estereotipos aunque yo mismo sea uno de ellos y, sobre todo, odio las jornadas de 8 horas sin un minuto de descanso, odio tener que pagar por tomarme un refresco en el trabajo y odio Kiss FM, que -a través del hilo musical de la estación de servicio- me acompañó durante mis inacabables jornadas laborales haciendo evidente que en esta emisora solo tienen una playlist de 5 o 6 horas de duración y nula originalidad reproduciendo en modo aleatorio.
Es curioso, ayer hice lo último que me quedaba por experimentar en una gasolinera, y fue llenar sus depositos de combustible mientras comprobaba los niveles subiendo a lo alto del camión-cisterna. Ya nada me quedaba por hacer allí.
Lo que más me gustaba de ese trabajo es que cuando quería podía levantar la vista y mirar al cielo.